Recorriendo nuestros pueblos, he visto mascotas, otros animales y muchas cosas que me encantaría poder compartir. Como este gatito que salió a saludarme, cuando me disponía a fotografiar la puerta de una vivienda.

lunes, 22 de abril de 2013

UN RELATO EN EL DÍA DEL LIBRO



Ya que hoy es el Día internacional del Libro os regalo este alfabeto hecho con perros que he encontrado en la Web, su creadora es Alecia Underhill del blog Art and Horses, uno de los blogs relacionados con el arte que suelo visitar de vez en cuando.

He pensado que os voy a contar una cosa que me sucedió estando viviendo en Lima, que tiene que ver con mi perro Mendy y también con un libro.

Mi relato comienza así:
Aconsejada por mi amiga Rosario Raro, en uno de mis viajes a España me compré un libro titulado "Creía que mi padre era Dios"se trataba de un libro de relatos del escritor Paul Auster

A dicho escritor, una emisora de radio le hizo la propuesta de contar en directo anécdotas o relatos cortos. Él pensó que no era buena idea, ya que al tratarse de un programa de radio que se emitía todos los días y en directo, sería algo difícil sentir la inspiración, para poder contar un relato nuevo cada día. Entonces su mujer le animó a que pidiese a la audiencia que le escribiese relatos que a ellos les hubiese sucedido, y que él los comentase en la radio. Paul Auster invitó a los oyentes a participar en un programa de radio contando una historia verdadera. La respuesta fue abrumadora: más de cuatro mil relatos de los que Auster seleccionó ciento ochenta, y que componen un volumen extraordinario. La mayoría de las historias son intensos fragmentos narrativos que combinan sucesos ordinarios y extraordinarios. Unas son divertidas, como la historia de cómo el perro de un miembro del Ku Klux Klan apareció corriendo por la calle durante el desfile anual del Klan y le arrebató la capucha a su amo. Otras son misteriosas, como la historia de una mujer que vio cómo un pollo blanco caminaba por una calle de Portland, Oregón, subía a saltos los escalones de un porche, llamaba a la puerta y entraba tranquilamente en la casa. La idea le gustó y así lo hizo, recibió un montón, el programa funcionó, y de todos ellos salió este libro con una recopilación de algunos de los relatos.

Comencé a leer el libro, en el avión ya de regreso a Lima, me pareció interesante, y muy fácil de leer, a la mañana siguiente, lo primero que hice fue llamar a la señora que se hacía cargo de mi perro Mendy para decirle que ya estábamos de vuelta. Cada vez que nos veníamos a España ella siempre venía con su Volkswagen escarabajo a casa a recogerlo, y cuando regresábamos y le llamaba por teléfono ella misma me lo devolvía . Siempre solía traerlo a última hora de la tarde, así que mi primer día en Lima solía pasarlo en casa deshaciendo las maletas y a la espera de volver a ver a Mendy.

 A media tarde me cambié la pulsera y los pendientes que había llevado durante las vacaciones, casualmente decidí ponerme unos pendientes con dos corazones y que hacen juego con una pulsera, también con corazones de oro.

Cuando vinieron a traerme a Mendy, bajé muy contenta a la calle, Mendy se encontraba sentado en el asiento de atrás del coche, y cómo se puso tan contento al verme, me fue muy difícil ponerle el collar y la correa, después de un rato de forcejeo lo conseguí. Ya fuera del coche, estuvimos un rato hablando y paseando por la puerta de casa, y cuando se marcharon inmediatamente nos subimos a casa.

Después de cenar, como estaba un poco descentrada debido al cambio de hora con España, me fui enseguida a la cama, antes de dormir cogí el libro y me puse a leer otro relato. Éste era de un preso, que contaba que cuando su abuela murió, debido a que ella había hecho de madre para él, le dejaron salir escoltado para el funeral.

Justo en ese momento me dí cuenta de que no llevaba la pulsera de corazones que me había puesto esa misma tarde, miré por la cama, por el suelo, por el resto de la casa y al no verla, me vestí, y bajé a la calle. Cuando me encontraba mirando por el suelo, uno de los vigilantes que teníamos en la manzana de mi calle, (cuadra como allí se le llama) me preguntó qué era lo que estaba buscando, le dije que había perdido una pulsera. Él entonces me comentó que cuando me trajeron a Mendy y yo estaba hablando con la señora, su hija cogió una cosas del suelo, y se la metió al bolsillo, entonces pensé que podría ser mi pulsera. Él me pidió por favor que no les dijese que él me había dicho lo que había visto, le dije que no se preocupase que no le mencionaría para nada. En ese momento también pensé que la actuación de la hija había sido normal, ya que ella lo que vio fue una pulsera en el suelo, igual en su caso yo también hubiese hecho lo mismo.

Cuando subí a casa inmediatamente cogí el teléfono, le llamé y le dije que hiciese el favor de mirar en en interior de su coche, ya que había perdido una pulsera de oro con unos corazones, y a lo mejor al forcejear para ponerle la correa a Mendy para sacarlo del coche, pues igual se me había caído dentro. Le dije que no había prisa, y mejor que lo mirase a la mañana siguiente con la luz de el día, y colgué.

Mi marido que había estado escuchando la conversación me dijo, "Vas lista ya te has quedado sin pulsera" yo le dije que no, que se equivoca que eran gente buena, y si sabían que la pulsera era mía seguro que me la devolverían.

Volví a la cama, me puse a leer el libro por donde lo había dejado y lo que leí a continuación me dejó completamente helada. El preso estaba relatando lo que vio cuando llegó al funeral, y decía: "Cuando llegué a ver el cuerpo de mi abuela metido en la féretro, me llamó mucho la atención ver lo bien maquillada que estaba, pero lo que más me impresionó fue ver que llevaba puesta su pulsera de "corazones de oro" que ella siempre llevaba" En ese momento, me dio un vuelco el corazón y un escalofrío me recorrió todo el cuerpo. Cerré el libro, y quedé pensativa, pero a la vez contenta, ya que algo dentro de mí me decía que iba a recuperar la pulsera.

Me dispuse a dormir, sabiendo con toda seguridad que recuperaría mi pulsera de corazones. Y así fue, al día siguiente a las 10 de la mañana vinieron a devolvérmela  me comentaron que estaba en el suelo del coche.
Siempre que recuerdo esto que me sucedió, pienso que si en ese momento hubiese tenido la dirección de Paul Auster le hubiese escrito este relato


Y para terminar os dejo a mis dos gatos persa, Micifuz muy pensativo queriendo resolver un problema de matemáticas y a Alba la más pequeña leyendo un cuento.




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